La maquinaria de la falta

La ausencia suele imaginarse como una disminución: menos cuerpo, menos palabra, menos mundo. Since the Lack of Love propone la operación inversa. Aquí la falta no produce silencio, sino una proliferación de recursos para soportarla: miradas, desplazamientos, costuras, signos, lentes y engaños métricos. El amor falta, pero alrededor de esa carencia se construye una maquinaria extraordinariamente activa.

Publicado como un álbum de once pistas y aproximadamente 54:36 minutos, Since the Lack of Love ocupa una posición decisiva dentro de la obra de Drugs Made Me Smarter. Recoge las primeras investigaciones sobre pulso, lateralidad y percepción, anticipa la relatividad métrica de From the Tourist Point of View y formula, todavía bajo el signo del exceso, el problema que Love Wasn’t There convertirá después en una negación más severa. Entre ambos discos no hay repetición temática, sino una transformación de la gramática de la ausencia.

El propio título anuncia esa ambivalencia. Since puede significar “debido a” y “desde que”: a causa de la falta de amor, pero también desde el momento en que el amor comenzó a faltar. La carencia es simultáneamente motivo y época. No explica únicamente lo que sucede; establece el tiempo dentro del cual todo habrá de suceder.

Acelerar, comprimir

La arquitectura del álbum distribuye sus piezas en una secuencia decreciente: cinco, tres, dos y una. Mientras el número de pistas asignadas a cada zona se reduce, el pulso aumenta: las primeras cinco se sitúan alrededor de 95–97 BPM; las tres siguientes, entre 112 y 117; “Lens” y “B Slide”, cerca de 129–130; la pieza final puede escucharse alrededor de 146 BPM. La aceleración no sólo modifica la velocidad. Reduce el espacio disponible para cada régimen perceptivo, como si el disco consumiera sus propias etapas conforme avanza.

Esta progresión dista de ser inequívoca. “Pour les Amis” y “Feelin’ the Blank”, aun etiquetadas cerca de 96 BPM, proyectan acentos que pueden organizarse alrededor de 126–129. La relación 3:4 permite que un mismo material sea contado desde cuadrículas incompatibles. Antes de que el álbum hable explícitamente de decepción, ya ha vuelto inestable la medida desde la que creemos escucharlo.

Las primeras cinco piezas construyen una fenomenología de la mirada. “Aereal View of a Dirty Road” comienza desde una perspectiva elevada, aunque la supuesta continuidad del camino es interrumpida tres veces por grandes cortes. La vista panorámica no garantiza totalidad: cuanto más lejos se sitúa el observador, más evidente resulta que el trayecto está hecho de discontinuidades. Incluso la grafía anómala de Aereal introduce una pequeña falla en el instrumento verbal que debería nombrar la distancia.

“A Forced Silence to the Left” desplaza esa falla al espacio. En los pasajes activos, el canal izquierdo puede imponerse unos doce decibeles sobre el derecho. El título, sin embargo, no describe literalmente lo que ocurre: la izquierda no es silenciada, sino ocupada, mientras el vacío relativo se abre en el lado opuesto. El lenguaje funciona como una instrucción espacial engañosa. Sus cuatro bloques, separados por caídas abruptas, convierten el silencio en mandato antes que en ausencia natural.

“Pour les Amis” ofrece la excepción luminosa de este primer movimiento. Es una de sus piezas más brillantes y expansivas, aunque el campo estéreo empiece ya a contraerse. La amistad aparece como reserva de altura dentro de un álbum dominado por el grave: no elimina la presión, pero introduce una forma provisional de exterioridad.

Con “From Your Eyes”, la vista aérea se vuelve proximidad. La intensidad se concentra en el centro y después retrocede, como si mirar desde los ojos de otro exigiera entrar en una cavidad que nunca puede ocuparse de manera permanente. El álbum pasa del camino observado desde arriba a la percepción prestada; de la ilusión de dominio a la fragilidad de una mirada compartida.

“Feelin’ the Blank” rompe esa delicadeza mediante una paradoja brutal. La pieza que nombra el vacío es la más saturada: cerca de una cuarta parte de las muestras decodificadas rebasa la escala completa y alrededor del 68 % de sus ventanas de cien milisegundos contiene algún exceso. El hueco no se representa retirando materia, sino llenándolo hasta volverlo casi irrepresentable. El título oscila además entre feeling the blank y la resonancia de filling the blank: sentir la falta y apresurarse a colmarla pueden ser, acústicamente, el mismo gesto.

La reparación visible

Después del vacío saturado aparece “Overlock”. El término designa la costura que encierra el borde de una tela para impedir que se deshilache; la composición dispone grandes paneles separados por cortes, como fragmentos cuya unidad depende de una sutura manifiesta. Reparar no significa restituir una continuidad originaria. Significa producir otra superficie sin borrar la fractura que hizo necesaria la unión.

“Closing Signs and Propositions”, la pieza más larga del álbum, prolonga esa operación en el lenguaje. Sus numerosos cambios funcionan como cierres parciales: signos de puntuación que interrumpen sin concluir. En ella se cruzan dos líneas que la obra posterior desarrollará por separado: la lectura de señales de According to Boulevard Signs y los sistemas proposicionales de On Birds Beliefs. El álbum comienza a comprender que una herida también organiza sintaxis.

La pista titular ocupa el octavo lugar, no el final. Esta decisión evita que la falta funcione como conclusión retrospectiva y la convierte en umbral. Durante su zona central, “Since the Lack of Love” acumula grave, intensidad y ruido; en el último tercio, el peso por debajo de 250 Hz cae aproximadamente de 91 a 34 %, la masa se debilita y el espacio vuelve a abrirse. La falta se realiza como evacuación de aquello que ella misma había producido en exceso.

Lo decisivo ocurre después. El disco no termina cuando enuncia su tesis porque aún debe mostrar los aparatos que esa tesis fabrica. La secuencia final puede resumirse así: falta, lente, deslizamiento, engaño. La ausencia produce una óptica; la óptica pone la imagen en movimiento; el movimiento termina por volver dudosa la medida con la que intentábamos comprenderlo.

“Lens” entra en el espacio que la pista titular ha dejado libre. Comienza oscura y relativamente abierta, pero su centro espectral asciende de unos 297 a 1215 Hz mientras el campo se estrecha. La lente permite ver porque selecciona: ilumina una zona, concentra la atención y excluye aquello que queda fuera del encuadre. La claridad no corrige la pérdida; la administra.

“B Slide” convierte esa selección en propulsión. Con 6,74 ataques por segundo, un pulso cercano a 129 BPM y un ascenso espectral aproximado de 454 a 1723 Hz, es el cuerpo más cinético del álbum. El deslizamiento puede ser musical, óptico o editorial —una diapositiva B, una cara B—, pero en todos los casos introduce una imagen que ya no permanece fija ante la lente.

“Concise Accents, Discret Deceptions” cierra revelando que el verdadero engaño estaba en la unidad temporal. La pieza puede sentirse a 73–74 BPM o a 143–146; durante el último tercio, la lectura a doble tiempo adquiere una evidencia particular. No aparece necesariamente una nueva maquinaria. Aparece otra manera de contar la que ya estaba funcionando. La decepción no consiste en ocultar un sonido, sino en permitir que la escucha confunda su cuadrícula con la estructura del mundo.

El cuerpo cosido

La portada ofrece una síntesis material de este recorrido. Una forma semejante a un cuerpo se divide entre masa negra, vacío blanco y una zona central estriada que puede leerse como costura, constricción o tejido. La falta no ocupa el fondo como página vacía; actúa como espacio negativo que determina el contorno de lo corporal.

Las líneas centrales prolongan visualmente “Overlock”. El cuerpo continúa existiendo porque sus bordes han sido unidos, aunque la reparación permanece expuesta. La sutura no devuelve una unidad anterior: construye una figura que sólo puede reconocerse a partir de su fractura. El disco no imagina, por tanto, una cura entendida como regreso. Imagina una forma capaz de hacer visible el trabajo de seguir existiendo.

La comparación entre las dos versiones de “Concise Accents…” confirma que ese trabajo alcanza también al archivo. La composición incluida aquí y la versión de Concise Accents, Discret Deceptions comparten duración y cronología espectral, pero no presentación. En Since the Lack of Love es amplia, más brillante y considerablemente más intensa; en la antología aparece prácticamente en mono, atenuada y oscurecida, con un peso grave mayor. Seleccionar no consiste sólo en recordar una pieza: consiste en modificar las condiciones bajo las cuales será recordada. El canon contrae aquello que incorpora para hacerlo compatible con su propia voz.

Dos gramáticas de la ausencia

Since the Lack of Love y Love Wasn’t There comparten una huella espectral: aproximadamente 86–87 % de su energía permanece debajo de 250 Hz. Pero esa semejanza material hace más visible la diferencia conceptual. En 2010, la falta es un sustantivo y todavía produce mundo. Hay amigos, ojos, caminos, signos, proposiciones y dispositivos ópticos; el amor no está, pero su carencia moviliza una economía de compensaciones. En 2018, la ausencia se vuelve negación verbal. Ya no se afirma que algo falta, sino que quizá nunca estuvo. El aparato discursivo —prólogos, prefacios, paratextos— rodea una presencia que no puede confirmarse siquiera como perdida.

La diferencia podría formularse así: en 2010, la falta genera objetos; en 2018, el objeto se vuelve incierto. El primer álbum desborda, recorta y cose; el segundo filtra y organiza un centro vacío. Uno todavía confía, aunque sea dolorosamente, en que la mediación pueda producir formas de continuidad. El otro sospecha que toda mediación quizá sólo circunde aquello cuya existencia deseaba probar.

Esta trayectoria impide escuchar Since the Lack of Love como una simple elegía amorosa. Su problema no es la expresión privada de una pérdida, sino la productividad semiótica de lo ausente: qué imágenes, técnicas y sistemas aparecen cuando algo deja de estar; qué parte de esos sistemas protege y qué parte sustituye; cuándo la reparación sostiene un cuerpo y cuándo comienza a ocupar el lugar de aquello que pretendía reparar.

El hallazgo central permanece intacto. Since the Lack of Love no dramatiza un mundo vacío, sino la actividad febril que el vacío exige. La falta obliga a mirar desde arriba y desde los ojos de otro; desplaza el silencio hacia un costado; llena el hueco hasta saturarlo; cose sus bordes; inventa signos, enfoca, desliza y finalmente pone en duda la unidad con la que medíamos todo ese movimiento.

Quizá por eso el álbum no pregunta si el amor puede recuperarse. Formula una inquietud menos consoladora: cuando la ausencia ha producido ya tantos aparatos para volver a mirar, ¿seguimos contemplando aquello que falta o sólo la compleja figura que construimos para no desaparecer con ello?