No organizo mi trabajo por disciplinas, aunque las disciplinas —y, con mayor insistencia, las instituciones— suelan exigirlo. Escribo, investigo, enseño, edito, produzco sonido, diseño objetos y trabajo en la gestión cultural no como quien acumula oficios, sino como quien desplaza una misma pregunta de un soporte a otro: ¿de qué manera el lenguaje, cuando se vuelve poema, imagen, frecuencia, metal, aula o política pública, produce sentido, distribuye valor y hace posible —o imposible— una forma de pertenencia?
Nací en Mexicali, donde la frontera se aprende menos como línea que como método: una forma de leer el tránsito, la mezcla, la intemperie y sus ficciones de identidad. Me formé en Ciencias de la Comunicación, Estudios y Proyectos Sociales y Estudios del Desarrollo Global, y durante más de dos décadas he enseñado semiótica, estética, teoría de la comunicación y cultura. Entre 2011 y 2023 dirigí el Colegio de Comunicación de la Universidad del Claustro de Sor Juana; antes y después, he trabajado en instituciones educativas y culturales, en la edición, la investigación y el diseño de políticas públicas. Hoy, desde la Subsecretaría de Cultura Comunitaria para el Bienestar de Baja California, pienso la cultura no como ornamento administrativo ni como compensación simbólica, sino como una tecnología colectiva para producir vínculos, memoria y capacidad de imaginar.
La escritura ha sido el eje móvil de esta trayectoria. Desde Sarcófagos hasta Omisiones, he publicado poesía, narrativa y ensayo, además de editar libros sobre arte, literatura y comunicación. En esos textos regresan —sin resolverse— el cuerpo y el deseo, la frontera y la errancia, el duelo y la materia, la belleza en su fricción con el horror y el lenguaje como una casa que sólo puede habitarnos cuando acepta sus ruinas. No escribo para clausurar el sentido, sino para someterlo a presión: revelar, en sus fisuras, aquello que la costumbre había vuelto invisible.
Con Drugs Made Me Smarter, la escritura se vuelve pulso, ruido, amplitud y tiempo; con A GROSS DOMESTIC PRODUCT., se condensa en metal, escala y estructura. El sonido y la joyería no ilustran los poemas: continúan su investigación por otros medios. En ambos casos, la forma deja de ser adorno para convertirse en evidencia material de una decisión; algo que el cuerpo escucha, porta, resiste y, quizá, recuerda.
No busco reconciliar estas prácticas en una identidad estable. Prefiero conservar la fricción entre lenguaje, materia y sistema: el lugar donde una palabra puede volverse objeto, un objeto formular una crítica y una institución —si todavía es capaz de escucharse— convertirse en espacio común. Mi trabajo ocurre ahí, en ese tránsito: entre la lucidez y la pérdida, entre la estructura y su falla, entre lo que una obra significa y lo que hace. Porque la pregunta final no es qué disciplina practico, sino qué mundo contribuye cada forma a sostener, y a quién deja fuera al hacerlo.
